Inicio Opinión La paz internacional será votada en Rusia / Por Lucia Deblock

La paz internacional será votada en Rusia / Por Lucia Deblock

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El panorama para Vladímir Putin ante las próximas elecciones parlamentarias del 20 de septiembre de 2026 se  intensifica rápidamente. Los rusos se preparan para renovar los 450 escaños de la Duma Estatal, bajo un contexto de tensiones internas inéditas.

El objetivo principal del Kremlin es asegurar la supermayoría legislativa de su partido, Rusia Unida, para consolidar las reformas políticas y legitimar la continuidad de su mandato, pero según encuestas recientes, apenas registra una intención de voto del 30% que, aunque sería suficiente para ganar, deja claro que el camino al éxito será más escabroso.

Los desafíos socioeconómicos y tensiones internas, sin duda han alterado la configuración del panorama político.

Para empezar, Putin muestra una caída en los niveles de apoyo popular, aunque, su aprobación está por debajo del 70%, es muy superior a otros mandatarios que no están expuestos al desgaste de una guerra.

La contracción económica provocada por el conflicto armado en Ucrania ha menguado el poder adquisitivo de los ciudadanos rusos y, como todos sabemos, todas sla elecciones tienen que ver con economía.

Encuestadoras oficiales reflejan un creciente cansancio social ante el conflicto con Ucrania; más de dos tercios de la población aboga actualmente por negociaciones de paz o la terminación del conflicto.

Pero hay otras razones para el descontento social. Además del bloqueo oficial de internet, el malestar se ha visto avivado por la mala gestión de desastres naturales y por polémicas medidas agrarias que golpearon a los granjeros independientes.

El desgaste económico por la guerra es protagonista en los debates del pais. El presidente de Rusia Unida, Dmitri Medvédev, ha enfatizado que el único objetivo admisible para el aparato estatal es una “victoria indiscutible”. Sin embargo, la supresión de la observancia electoral de organizaciones civiles, tiene preocupados a propios y extraños.

Por último, la debilidad de los partidos de oposición siempre golpean a las democracias. En Rusia solo una docena de partidos —entre ellos el Partido Liberal-Demócrata y Gente Nueva— tienen permiso de competir de forma automática sin el requisito previo de recolección de firmas, por lo que las voces disidentes contra las estrategias del Kremlin, son cada vez más sonoras.

A pesar del complejo panorama que enfrenta un país sumido en una guerra proxy desde hace más de 4 años que, por añadidura, ostenta el pernicioso honor de ser la nación sobre la que pesan más sansiones internacionales del planeta, todo parece indicar que, al menos por aquellas latitudes y con todos sus “peros” y temas perfectibles, la política va a seguir al mando de gente que ha demostrado seriedad y sensatez enmedio de las más temibles adversidades, con suficiente influencia internacional, como para seguir gestionando el delicado equilibrio internacional y desescalando los infiernitos armados que otros líderes se empeñan en iniciar.

No sé si para los rusos sea un panorama optimista, pero sin duda, para el resto del planeta lo es. El reconocimiento internacional de Putin y de Lavrov han sido ganados a base de rigor.

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